Poema del Unicornio

Un unicornio saltó en mi cama,
con cuernos que gritaban fuego;
sus ojos eran dos soles locos,
y su risa rompía el cielo.

Bebió mi perro y mi silla,
y escupió un río de chocolate;
la luna se escondió detrás de su cola,
y los gatos volaban cantando.

Sus cascos tocaban mi pared,
y la pared gritaba: “¡Nooo!”;
mi sombra corrió hacia la cocina,
y el unicornio la atrapó con su lengua.

Gritó: “Tu casa es mía,”
y las luces se convirtieron en serpientes;
yo cerré los ojos y desperté,
pero el unicornio todavía estaba ahí.

Ahora corre en mis sueños,
con estrellas pegadas a sus cuernos;
dice mi nombre al revés,
y me obliga a reír sin parar.